Sueño de una mujer de 36 años:
"Hay un lobo suelto en la calle. Tiene cuerpo de lobo pero la cara de mi esposo. Me subo al techo de un kiosco de revistas. Me da pánico. Me quiere comer. El lobo se queda dando vueltas en circulo alrededor del kiosco"
Sueños como éste, los tenemos todas las noches. Son cortos, son simples, nos dejan un rato intrigados, pero con los quehaceres de la mañana, pronto pasan al olvido y vuelven a ser tragados por el inconsciente.
Sin embargo ¡hay tanta informacion en estos sueños!, que es un desperdicio de oportunidades, de aprender, de tomar conciencia, el relegarlos rápidamente al olvido. ¿Y porqué no le damos importancia?. Básicamente por dos motivos: primero no existe una cultura de los sueños en nuestra modernidad. Nadie los cuenta alrededor de la mesa al desayuno, y si el niño narra el que tuvo la última noche, en general los papas hacen "ahá" y no le prestan importancia. En el neoliberalismo lo que se toca y da dinero es lo único que cuenta. El tiempo es oro. Los sueños no producen empleos ni suben el PIB.
El segundo motivo para olvidarlos y bloquearlos es que muchas veces traen a la conciencia contenidos peligrosos, desafíos, críticas, que si las asumimos y trabajamos, como consecuencia de ello deberíamos cambiar de dirección nuestras vidas: léase separarnos, cambiar de trabajo, de manera de ser. Uff, mucho trabajo. Mejor lo olvido.
A continuación el análisis del sueño del lobo.