02 julio 2010

El viaje.


Diciembre de 1984. Tengo dos semanas de vacaciones antes de empezar el internado de Medicina que durará un año y donde estaré sometido a altas presiones académicas.
Estoy en Los Molles, a 200 kms. al Norte de Santiago. Son las 5 de la mañana cuando salgo de la casa que sobre un risco mira hacia el Pacífico. Llevo en mis espaldas una mochila con agua mineral, un chaleco y un gorro para el sol.
A las 4:30 tomé una dosis de LSD, ácido lisérgico. Será mi primera experiencia con un alucinógeno.
Estoy preparado. Siguiendo las descripciones que leí de Aldous Huxley y Timothy Leary, llegué dos días antes a la playa, solo, sin TV, leyendo, descansando y comiendo sano. Nada de cháchara, diarios ni diálogos internos complejos. Salgo en ayuno. Aún falta un rato para que comience a clarear.
Me quedo detenido frente a la casa. Un foco de la calle la ilumina. Las planchas de madera que la conforman lucen de una geometría impecable. No hay nada especial en ellas, sin embargo las líneas de cada listón resaltan. Me quedo durante varios minutos contemplando la casa. Es la misma, nada en ella ha cambiado, sin embargo su geometría me intriga. Siento que ya estoy mirando de otra forma.
Sigue...

Bajo por un camino serpenteante que conduce al mar. Estoy al inicio de una playa y un borde costero que se extiende ilimitado hasta Pichicuy, 15 a 20 kilómetros hacia el Sur. No me faltará paisaje por donde caminar.
Inicio la marcha
Algunas luces se comienzan a avizorar sobre el horizonte. Reparo en la textura de la arena. Es diferente. Es como si tuviese mas granos. Normalmente uno ve arena, y no tiene la capacidad de distinguir los granos que la conforman. Pero ahora veo que la arena esta formada por millones de granos. Mi vista los puede separar y distinguir. Es como si a la playa le hubiesen aumentado la resolución. La arena se llena de millones de diminutos y perfectos granos, y mis ojos los distinguen. De 480p pasé a ver en 1080p, o sea en full HD. 
"OK", pienso, con mis funciones mentales y lógicas intactas, "el LSD está haciendo efecto".
Sigo caminando por la larga playa y aparecen esos pajaritos que se ponen en el borde del mar y buscan pulgas para alimentarse. Hay decenas de ellos. Su color es de plata iridiscente. Siempre se arrancan cuando uno se les acerca, sin embargo ahora me ignoran y paso al lado de ellos. Parece que pensaran que soy parte del paisaje y no les incomoda mi presencia.


Y entonces, es despues de media hora caminando, que estalla la primera luz. Detrás de los cerros de la cordillera de la costa comienza a amanecer y súbitamente a la alta resolución de la arena le sumamos el color. Ahora no solo es posible distinguir cada grano, si no que cada uno tiene colores y tonalidades distintas. La playa explota en formas, texturas y coloridos. Es como si hubiesen desenrollado una gigantesca alfombra persa en el lugar donde antes estaba la arena.
Miro hacia el mar y gruesas nubes bajas amarillentas recorren el horizonte. La luz del amanecer le entrega al mar miles de azules diferentes. ¡Tantos azules!
Las nubes se hacen mas densas y coloridas a medida que clarea. Ahora forman figuras. Mas colores surgen por todas partes. Pienso: "esto es estar como en una película de monos animados". Jamás había visto esos colores y texturas. Del amarillo las nubes viran a rojizas. Ahora hay un hombre de brazos abiertos en ellas. Es Jesús y está perfectamente diseñado por las nubes. Entonces comprendo que este día será notable, y comienzo a disfrutar de un gigantesco telón que se  abre y revela secretos.
La emoción es de sorpresa, paz y fascinación. Pienso, mi cabeza está en su lugar, podría recitar mi RUT al revés, sin embargo todo perceptualmente ha cambiado.
Escucho música dentro de mí. Es una mezcla de Pat Metheny + Rock + Celta. Es única y diferencio los instrumentos como a través de varios canales. Alguien prendió la radio interna, y la melodía suena nítida fundiéndose con lo visual.
Avanzo por la playa hasta que esta termina y empiezan los roqueríos. Ahora vienen varios kilómetros de rocas y senderos que van bordeando el mar. Esas rocas de Los Molles hacia el Sur siempre han tenido extrañas texturas, no son lisas, sino que tienen líneas y grietas y son de un color negruzco. 
Asombrado veo que ahora forman figuras geométricas. Lo mismo que sucedió con la arena: su resolución aumentó y parece que fuesen las paredes de pirámides aztecas llena de frescos, dibujos y formas. 
Aún no sale el sol pero ya está de día. Un viento trae una brisa humeante, las rocas son monolitos con antiguas inscripciones celtas, y yo camino por un sendero  mágico, muy despacio saboreando cada paso, en cámara lenta. Estoy en un paisaje mítico, heroico,  como si me hubiesen tomado de un ala y metido en El Señor de los Anillos.
Donde mire se revela un mundo lleno de detalles y profundidades. Es como si a cada cosa y superficie le hubiesen metido más pixeles. La bruma matinal lo vuelve todo fantasmagórico y la luz de un intenso amarillo se filtra entre los montones de niebla. Las palabras faltan, pero les voy a poner una imagen que en algo simula  el mundo en esos instantes:


El paisaje era otro, pero esta escena ilustra un poco lo épico del entorno. Me sentía un personaje en un planeta nuevo, o viajando a través de un portal que se había abierto y me había dado acceso a Narnia o a la Tierra Media de Tolkien.
La mente estaba ahí pero una profunda paz había logrado que el eterno diálogo interior se detuviera.  La emoción que sentía era única, inolvidable, jamás percibida antes. Sólo miraba, sin pensar , mientras toda la info del disco duro estaba desconectada, y el mundo se revelaba nuevo, como si fuera la primera vez que abría los ojos.
Decidí tomar un baño. Había una hipnótica poza entre las rocas . Sin ropas (debe haber sido las 8-9 de la mañana), me quede en el mar por mucho tiempo. Cada detalle, pirigüín, alga, lapa, era una fiesta. La naturaleza me recibía de brazos abiertos. El mar era tibio y uterino.
Me visto y sigo el sendero entre las rocas. Ellas aún lucen como pirámides ancestrales, llenas de glifos y signos, pero el sol ya brilla en lo alto y hace calor. Entonces, después de mas baños en el mar, llego a otra playa. Esta es enorme y no hay una sola roca. La playa se extiende hasta el infinito. Es perfecta. No es cualquier playa, es el origen de todas las playas. Al fondo, a varios kilómetros de distancia se ve una estructura de piedra. Parece un monolito. Avanzo despacio, sintiendo cada paso, cada parte de mi cuerpo, el viento, el mar.  Cuantificando es como que la percepción hubiese pasado de nivel 2 a nivel 100.  La naturaleza y yo eramos uno.  No había pasados ni futuros. El aquí y ahora era absoluto. Cada respiración contaba. Aquello que los místicos y santos llaman "fusión", el unirse con algo mayor, sucedía, sin necesidad de ayunos y largas privaciones.
Camino en dirección a esa estructura de roca. Parece que se alejara en vez de acercarse. Al llegar es perfecta. La naturaleza la labró y la puso ahí. Siento que marca un límite: de un lado playa infinita y del otro mas playa sin fin.  ¿De donde vine?, ¿de acá o de allá?. Da lo mismo. Cualquier dirección que tome será el destino correcto. 
Me siento y me quedo en silencio. Nada se mueve ahora. No hay pájaros, el mar está callado, y el tiempo parece estar detenido.  El sol cae recto. La roca, la playa y el mar. Hoy me acuerdo de Buda sentado en el árbol Bodhi (una higuera) donde logró "parar el mundo", y hacer de ese lugar el centro del cosmos. Todo está inmóvil. No hay tiempo. La paz mas profunda me invade. El mundo es perfecto, tiene un sentido, y sólo basta callarse para enterarse. Esa roca está en el mero centro.
Los deseos se acabaron. Desde este centro deberé volver a la periferia, al día a día, a los conflictos, al movimiento. ¿Cúanto tiempo estuve sentado ahí con mi espalda apoyada sobre la loza de mármol?...
El sol cae y tengo una vida que me espera. Camino entonces de regreso. Veo como la roca se va distanciando. Las geometría perfectas aún persisten. Volver me tarda muy poco comparado con la ida. Anochece cuando llego a casa.
He estado afuera 16 horas, sólo tomando agua y sin cruzarme con un sólo ser humano en todo ese tiempo. Ni un pescador, nadie.
Asistí a un regalo, al origen del mundo, a la visión de éste antes de que fueran creados los conceptos, las definiciones y todo el complejo entramado mental que nos mantiene muy ocupados. Aquel mundo que contemplábamos al año de vida.
Después de ese día, nada nunca más fué igual.



6 comentarios:

  1. ...No sabes lo sincronico que fué para mi leer justo ahora tu relato, estoy haciendo corte circuito y añoro una experiencia que me reconecte conmigo misma y poder ver nueamente el mundo como si fuera la primera vez, porque últimamente lucho por no creer que nuestras vidas están condicionadas a repetir siempre la misma historia, y que no importa lo que haga o deje de hacer, no se puede cambiar y mi optimismo y mis fuerzas me abandonan...creo que es un regalo o una señal que me dice que sea fuerte, que la magia existe y que esto tambien pasará...
    gracias.

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  2. Yo probe el LSD una vez, durante el año pasado, y fue una experiencia extraña, creo que mi mente se bloqueo pues me empece a sentirme mal, todo me dio mucho asco y termine vomitando (creo, la verdad es que igual los recuerdos de ese dia son difusos)... me cuestione todo (el hecho de probar drogas tambien) y me decepcione un poco de mi misma, porque tenia expectativas de que iba a ser diferente, pues habia leido a huxley antes, me identifico de algun modo con la decade d elos 60-70 y siempre he considerado muy valida de las drogas -algunas- como medio de autoconocimeento. algun consejo? fue ese dia mi mente una masa que se bloqueo ante otras posibilidades? de todas maneras, quiero intentar la experiencia una vez mas, a ver si ahora es diferente.

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  3. Ni una sola palabra..., excepto GRACIAS!

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  4. la playa es todo, la arena y el agua yingyangueando!

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  5. ya terrminaste tu Carrera como te fue me es interesante la forma simple y compatible de escribirlo

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