30 septiembre 2011

El anillo.


Había una vez un Rey que vivía en un reino muy próspero y que era muy amado por su pueblo. Pero el Rey no estaba tranquilo, pues intuía que los presentes años de buenas cosechas, de paz y de salud, darían tarde o temprano paso a desgracias y penurias.
Entonces llamó a los sabios del reino y les dijo: "quiero que busquen una respuesta a las tragedias de la vida. Necesito una herramienta de apoyo y sabiduría cuando todas las cosas anden mal".
Los sabios se retiraron a meditar en una alta torre, alejados de la vista de la plebe,  y después de días de encierro y conciliábulo le trajeron la respuesta al rey.
"Su majestad, he aquí este anillo. Deseamos que lo use siempre y cuando algún día, quieran los dioses que nunca ocurra, se encuentre perdido y sin ninguna esperanza, acuérdese de mirar el reverso de este anillo. Posee el instrumento de sabiduría que nos pidió".
El Rey entonces se calzó el anillo y la vida continúo. Pasaron muchos años y el reino fue invadido por una feroz tribu del norte, nómades a caballo, que arrasaban con todas las ciudades que encontraban. Estaban a las murallas de la capital y la destrucción de ésta parecía inminente. Los hombres peleaban luego en las calles, en las casas, defendiendo su vida y el palacio real estaba siendo copado por los sanguinarios enemigos. El Rey ensangrentado y exhausto por las largas horas de lucha gritaba y alentaba a sus hombres sin cesar. Cuando ya toda la guardia real yacía muerta alrededor, un sirviente cogió un caballo y le dijo: "huya Majestad, huya, pues usted vivo es nuestra última esperanza".
El Rey tomó el caballo y galopó lejos, alejándose de la ciudad en llamas, pero pronto se percató que era seguido por miles de enemigos  que deseaban su cabeza. Galopó sin cesar dos días y dos noches, hasta que por fin el caballo agotado reventó. 
Nuestro Rey se hallaba entonces en el suelo, ensangrentado y profundamente herido, con toda su familia y amigos muertos, y delante de él una profunda quebrada le cortaba el camino. Miró hacia atrás y vio que los enemigos se acercaban y ya parecían festejar su muerte.
Fue solo entonces que recordó el anillo. Lentamente lo sacó de su dedo y leyó la inscripción que los sabios del reino habían escrito años atrás. Decía:
"Esto también va a pasar".


5 comentarios:

  1. Cuando estamos bien sin problemas no pensamos en las tragedias que pudiesen venir, cuando el presentimiento cruza fugazmente nuestro pensamiento no atendemos a esa habla interna, cuando pasa un sabio al lado nuestro no atendemos y menos percibimos el mensaje.Lo mas trágico es que en el momento que se deben tomar las decisiones no se da el salto.Sera que la conducta anticipatoria es de algunos.......que pre-ver es de seres mas planificados o vivimos la realidad que fuimos educados para captar.

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  2. "esto tambien va a pasar" gracias¡¡ por el consejo, ve viene muy bien

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  3. Me acuerdo que contaste este cuento y falta la parte en que el rey estaba muy feliz y volvia a leer "esto también vá a pasar", a veces la pena es tan grande que hasta el cuerpo se equivoca y duele todo o cuando se ama y uno se desborda entera, es increíble como nos armamos y desamamos y todo parece tan definitivo, en fin, pasará

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  4. a veces se hace tan eterno y uno se olvida en que en algun momento todo pasará

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  5. Simplemente adoro este relato...Es un mensaje tan lleno de sabiduría que me ayuda en momentos de aflicción y también de alegría.

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